Jesus Shows You The Way To The Highway

Un batman africano con un fetiche por los pies, Stalin jugando ajedrez consigo mismo, un ninja llamado Spaghetti, un monje xiaolin encargado de resguardar el Arca de la Alianza, moscardones gigantes que lanzan rayos laser, un drag queen paracaidista y un émulo de Joe Ramone que puede o puede que no sea Jesucristo son algunas de las cosas que podrás ver en el viaje ácido disfrazado de película que se llama Jesus Shows You The Way to The Highway.

Dirigida y escrita por el cineasta español Miguel Llansó, esta producción estonio-etíope-lituana-rumana-española no tiene ni un solo pelo de ordinaria. Desde Holy Motors de Léo Carax no me encontraba con una experiencia cinematográfica como la que he tenido con este extrañísimo Frankenstein de géneros del submundo. Con esto me refiero a la alegría y el asombro de ver una película donde las amarras de la lógica se sueltan y uno zarpa a lo desconocido donde verdaderamente cualquier cosa puede pasar.

La trama – a falta de mejor término – sigue al agente especial de la CIA, DT Gagano (Daniel Tadesse) en su última y más difícil misión: tratar de erradicar al virus Stalin que ha infectado el programa Psychobook. Junto con su compañero, el agente Palmer  (Agustín Mateo), Gagano entra a este universo de realidad virtual y, lamentablemente, queda atrapado. Su consciencia es transferida a Beta-Etiopía y en el mundo físico se considera que ha entrado en coma. A partir de este momento, Gagano hará todo lo posible por completar la misión y escapar de la simulación para poder volver a su cuerpo y cumplir el sueño de su esposa, la amazona báltica Malin (Gerda-Annette Allikas), y, quizás, con algo de suerte, de paso abrir la pizzería que siempre ha anhelado.

La estética de la película no se queda atrás. Tomando prestado del canon serie B: plagios del 007, cine de explotación filipino, mockbusters turcos y más géneros-engendro; Jesus se deleita en efectos especiales baratos, una edición desconcertante, planos turbo vintage, diálogos ridículos, y muchas, pero muchas transiciones; todo acompañado, o bien de jazz experimental o de música estridente de videojuegos. ¿No es suficiente? Todas las voces, como se hacía en el cine italiano de los 70, están grabadas en estudio y no in situ. ¿Quieres más? Las secuencias que corresponden a las misiones de Gagano y Eldritch en Psychobook (durante las cuales, por cierto, uno utiliza una máscara de papel de Robert Redford y el otro una de Richard Pryor) están hechas en stop motion; no stop motion con marionetas, stop-motion con humanos.

Las reacciones a esta película serán muchas. Estarán aquellos que saldrán del cine (probablemente a media función) habiendo encontrado en ella poco más que una provocación; aquellos hipsters que reirán retorciéndose el bigote encantados por el festín kitsch (siendo lo kitsch tan trendy en nuestros días); y finalmente otros que creerán entrever, al fondo de este licuado caótico, una intensa verdad sobre nuestro tiempo. Todos están en lo correcto y todos equivocados.

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Miguel Llansó es el primero en burlarse de su película. Cuando se le preguntó qué quería explorar en su segundo largometraje, dijo que quería incluír king fu. Cuando presentó su película en Tallin, usó el calificativo “estúpida” en al menos diez ocasiones. Y aunque esta voluntad de restarse importancia es el elemento esencial que salva a la película de hundirse bajo el peso de sus intenciones quizás pretenciosas, Llansó también sabe que lo que ha hecho no va en broma, que tiene mucho qué decir y que inclusive es muy bueno.

Porque si bien Jesus Shows You The Way to The Highway carece de sentido; esa carencia de sentido, como en el dadaísmo, como en el teatro del absurdo, está cargada de significado y ese significado es corrosivo. Su ligereza, y, digamos en mexicano, sus chistes hablan de cuán entremezclados están el entretenimiento (en su sentido más Adorno-Horkheimeriano) y los nuevos medios de comunicación con los populismos autoritarios a diestra y siniestra (las direccionales utilizadas aquí en su sentido figurativo, literal y político) y que han existido ayer y hoy (no por nada los villanos de la película intercambian máscaras: Stalin, Margaret Thatcher, George Bush, etc., siempre con el dios felino de la diversión asománndose en el fondo).

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No es sorpresa entonces que Llansó nombre entre sus inspiraciones en primer lugar al improbable profeta: Philip K. Dick, el paranoide adicto a alucinógenos y anfetaminas que predijo nuestro tiempo mejor que nadie. Como Dick, Llansó está interesado en cómo la cultura pop y hasta la basura narra con mayor lealtad nuestro contexto que la “alta cultura”; también como Dick, Llansó descree de distopías y utopías, y se concentra llanamente en la entropía. En Jesus vemos la entropía de la globalización como se experimenta en los márgenes – y por reverberación en el centro – : basura tecnológica, un grotesco cementerio cibernético que cobra vida, una fiesta depravada de alienación en la que reímos para no llorar.

Jesus Shows You The Way to The Highway está destinada a convertirse en una película de culto, una pira alrededor de la cual se reunirán puñados de adolescentes intelectualoides. Espero, no obstante, que en el proceso de cultificación no se pierda su vena radical, su oscura y poderosa capacidad destructora.

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