Diario 2020-2022, parte I

Primera entrada. No fechada.

No lo compré con esas intenciones, pero de cualquier forma esto será, al menos al principio, como mi Diario del año de la peste.

El punto es: quiero librarme de la sensación de que alguien me va a leer. Quiero dejar de escribir pensando en lectores porque lo que es peor es que pienso en lectores como en seguidores de Facebook. Pienso en reacciones, likes, comentarios; aceptación y aplausos. Ahora mismo, mientras erscribo, siento eso y es lo que dicta las líneas. O más bien, una voz detrás, como un editor maldito que me susurra qué decir.

¿Para qué escribir un diario literario si nadie lo va a leer?

¿Cómo ser honesto conmigo mismo y en mi escritura?

Segunda entrada

Empecé a escribir el viernes 3 de abril, 21 días después de que se nos ordenó trabajar desde casa y por ende tres semanas adentrados en la cuarentena o aislamiento, o distanciamiento social.

Ayer, sábado 4, no escribí nada aunque quise hacerlo. Esto que escribo ahora es entonces lo que pensé ayer. Mis pensamientos de hoy entonces quizá queden para mañana y así los días quedan diferidos, desfasados: Hoy es ayer y mañana.

Ayer vi el documental Miles Davis: The Birth of Cool. Me llenó de felicidad. En un momento en particular los ojos se me llenaron de lágrimas.

Viéndolo pensé lo siguiente:

Miles Davis estuvo siempre, desde el principio, en la vanguardia. La primera banda de la que fue integrante tenía como líderes creativos a Dizzie Gillespie y a Charlie Parker, dos de los titanes y fundadores del bebop. Miles se mudó a Nueva York para estar en la meca del jazz y se avocó a estudiar el sonido que se estaba cocinando en la calle 54. Pero al mismo tiempo, y como todo auténtico vanguardista, Miles también estudió lo clásico, la tradición. Se enroló en Juilliard y se dedicó a aprender de la cantera histórica de la música occidental.

Como una barca, como la punta aguda de una barca, Miles abrió las aguas durante toda su carrera, siempre con el mismo ánimo disruptor. Era casi fatal que cambiaría la música. Kind of Blue estaba destinado a ser.

Ahora, lo curioso y lo que me interesó más fue el giro a partir de finales de 1960. Un giro que se anunció con la introducción del órgano en algunas piezas de Miles in the Sky y que se completó en Bitches Brew.

Ya que Miles Davis no era solamente un genio musical sino que además era un buen lector de los signos del tiempo, Miles vio el cambio. El rock n’ roll era el nuevo jazz, la nueva contracultura que tomaba por asalto la Cultura con mayúscula.

Como otros artistas que supieron transformarse para estar siempre sobre la cresta de la ola (pienso en Picasso, The Beatles), Miles no solo se apropió de elemtos de la nueva moda – los interpretó y transformó.

Y sin embargo hay algo… De Bitches Brew en adelante se escucha en Miles Davis algo distinto. Sonidos que son claramente de su tiempo. Así como la ropa que comenzó a usar influido por Betty – la princesa del Funk y brevemente su esposa – y su círculo, muchos de sus álbumes de esa época suenan indudablemente a los 60 y 70. Mientras tanto Miles Ahead, Kind of Blue, Sketches of Spain, Workin’, etc., como los atuendos que entonces usaba, tienen genuinamente una cualidad atemporal. Abstraídos del tiempo, flotando en su propia órbita, esos álbumes perduran intactos.

Hay una reflexión dentro de todo esto que atañe a la creación en general. Pero no sé por ahora cuál es.

Dibujo de J.L.F.