NAIM: La región menos transparente

Foto de Notimex

El caso del NAIM es un punto donde confluyen muchas de las principales aristas de la realidad mexicana y quizás de la realidad del mundo.

  1. La consulta: ¿democracia o demagogia?

Aquí reside la parte más caliente de la polémica. No sé si estoy en lo correcto – no he consultado absolutamente todas las fuentes –, pero creo que he visto una mayor parte de la prensa inclinarse por la condena de la consulta.

Analicemos el caso en un contexto mayor al de la coyuntura actual para tratar de entenderlo mejor y así poder juzgarlo.

En el contexto internacional hay tres ejemplos cercanos en el tiempo en donde el destino de aeropuertos se ha decidido por consulta popular. En Alemania el Berlín-Tegel, en Francia el Notre-Dame-des-Landes, en Estados Unidos el de Kansas City. En los tres casos las consultas resultaron en alteraciones a los planes originales, en dos de tres incluso en la reversa total de los proyectos. En el caso estadounidense,se dictaminó que el costo de la obra fuese cubierto exclusivamente por impuestos pagados por las empresas privadas que se verían beneficiadas por la terminal aérea. En el caso alemán, el aeropuerto que estaba programado para ser demolido fue conservado. En Francia, el caso más similar al del NAIM, el voto en la consulta estuvo muy dividido. Ganó la construcción del aeropuerto con un 55% de los votos, no obstante, al estudiar la distribución demográfica, fue claro que la gran mayoría de los votos a favor venían de las urbes – mucho más densamente pobladas – mientras que la gran mayoría de los votos en contra venían de la región agrícola afectada directa o indirectamente por el proyecto. Este hecho y la división social que generaba el debate hizo que se cancelara definitivamente el aeropuerto Notre-Dame-des-Landes.

No cito estos ejemplos como casos de éxito para defender la consulta del fin de semana pasado. Su “éxito” no viene sin matices. En Francia, Vinci y el estado francés siguen en negociaciones en el proceso de cancelación del proyecto y se prevé que dichas negociaciones duren al menos un año más. En Alemania la situación del Berlín-Tegel sigue siendo incierta pues la consulta era no vinculante. Se ha seguido invirtiendo en mejorarlo, pero hay quien dice que su destino está sellado y deberá cerrarse en los próximos años.

Cito dichos ejemplos para ilustrar que el caso mexicano no es inédito.

Ahora, una de las principales críticas al hacer una consulta reside en la capacidad del mexicano de a pie (es decir, yo, tú, nosotros) de tomar una decisión en un tema que se ubica en la intersección de temas sociales, económicos y políticos, cada uno de ellos ya de por sí complejo. ¿De verdad es responsable poner esta decisión en nuestras manos cuando cotidianamente compartimos noticias falsas, leemos sólo encabezados, y obtenemos nuestra información de talk shows? Juan Villoro lo resumió bien al decir:

“Una obra de esa envergadura tiene que ser evaluada por las comunidades afectadas y expertos en impacto ambiental, mecánica de suelos y aeronáutica. Abrir una consulta sobre lo que la mayoría sólo puede juzgar por feeling (nombre sentimental de la ideología) es un gesto demagógico sujeto a manipulaciones”.

Pero a esto quisiera comentar: sí se ha evaluado. Las comunidades afectadas han luchado por años para evitar que se aprobara en primera instancia y luego que se continuara el proyecto. Por otra parte casi todos los expertos en materia ambiental se han pronunciado en contra del proyecto. Y a pesar de la rotunda oposición de los pueblos de la zona y de la comunidad científica, el proyecto seguía adelante con la autorización de las organizaciones gubernamentales pertinentes. Y es que, claro, cuando hay miles de millones de dólares en juego, lo de menos es conseguir expertos y organizaciones que den el visto bueno.

En breve: ¿qué hacer cuando la oposición tiene razones de peso científico y social, pero no se traducen en nada? ¿Por qué no consultar?

Es aquí donde creo que las cosas se empiezan a poner complicadas y donde, considero, López Obrador y su equipo han hecho una jugada muy engañosa.

La cuestión es: una de las promesas de campaña de López Obrador era la cancelación del NAIM. Sin embargo, una vez que ganó, poseído por un repentino ánimo conciliador, anunció que haría una consulta ciudadana. ¿Por qué?

Podríamos analizar esto en contraposición con el caso francés. Macron había prometido lo opuesto a López Obrador, en su caso la promesa era llevar a cabo el proyecto. No obstante, la agitación social y la resistencia campesina lo orillaron a la consulta. Podríamos pensar en el NAIM como el reflejo enrevesado. AMLO promete cancelar, pero un enorme descontento social lo empuja a una consulta. ¿No?

Pues no parece ser así, a decir verdad. La consulta del NAIM delata un deseo de diferir la responsabilidad, de huir de las consecuencias y disfrazarlo todo de impulso democrático. Era una decisión difícil y controvertida desde un inicio. Poderosos grupos empresariales y una parte nada despreciable de la población seguramente habría tachado la cancelación del NAIM como un error garrafal, un retroceso, un acto autoritario, y el gobierno naciente habría tenido que saber vivir con esa oposición, con ese peso. La consulta fue una forma de distribuir el peso entre todos los hombros. Paradójicamente, los mismos empresarios y la misma porción de la sociedad de cualquier manera han tildado todo de error, de retroceso, de acto autoritario.

Luis Álvarez Icaza lo ha dicho mejor: “Cargarnos a los ciudadanos, a través de una consulta, una decisión que debe ser gubernamental no es una salida aceptable. Los nuevos gobiernos en sociedades democráticas con alternancia en el poder siempre tendrán que enfrentar el reto de qué hacer con decisiones que trascienden en el tiempo. No los elegimos para evadir esta responsabilidad”.

Se añade otra pregunta: El periodo de López Obrador todavía ni empieza. ¿Por qué hacer la consulta ahora y no una vez entrado al poder? Bueno, ése es otro tema. En pocas palabras: en 2014 se hizo una reforma que permitía las consultas ciudadanas, aunque al mismo tiempo se le pusieron candados legales a esa reforma que, en la práctica, efectivamente la inutilizaban. Es decir: se “otorgaron” derechos políticos con las condiciones de que no pudieran ejercerse. Para poder hacer una consulta en forma, el gobierno entrante tendría que haber modificado las barreras constitucionales para las consultas, lo cual podría ser interpretado problemáticamente: “El gobierno altera la constitución a voluntad”. Por otro lado, aún haciendo esto, se estima que una consulta habría sido posible hasta el año 2019, cuando el proyecto del aeropuerto habría estado aún más avanzado. Es por todo esto que el equipo de López Obrador decidió hacer una consulta informal. No es ilegal, ojo. La llevó a cabo una ONG con el apoyo del próximo gobierno. La planeación e implementación de dicha consulta, sin embargo, fue accidentada y deficiente por decir lo menos, con muchas áreas huérfanas de posibilidad de votos, votos repetidos, etc. Se estima que poco más del 1% de la población votó y una abrumadora mayoría fue de la capital. Entonces, ¿para qué una consulta informal, no vinculante, si ni siquiera es representativa?

Foto: Karen Castillo, Sin Embargo

Las consultas populares son procesos complejos y arriesgados en los que se puede ganar mucho, democráticamente, o también perder mucho. Siento que López Obrador tomó aquí una decisión preocupante no por el resultado inmediato (la cancelación del aeropuerto) sino por sus implicaciones políticas: ¿cuántas promesas serán mejor pasadas a consultas? ¿qué responsabilidad sí está dispuesto a cargar? Sumemos otro problema: el discurso y modus operandi de Morena ha sido contradictorio por decir lo menos. Por un lado promete ser un gobierno progresivo y de izquierda, y sin embargo a la primera oportunidad dio la Comisión de Cultura al PES. Debido a la reacción de la sociedad civil, reculó y se la dio a Sergio Mayer. Promete acabar con la corrupción, pero además de tener miembros de procedencia dudosa, se alió con el Partido Verde. Prometió ir retirando a los militares de las calles, no obstante el último adelanto de su estrategia de seguridad implicaría un aumento significativo de fuerzas armadas. La consulta me parece preocupante porque se siente como un adelanto de un porvenir errático. Una cuarta transformación que ciertamente no es lo mismo de siempre, pero que no sabe lo que quiere ser. Una cuarta transformación que puede devenir en una continua vacilación.

López Obrador es el candidato en la historia reciente del país más preocupado por el peso histórico de su mandato. Asegura que quiere ser recordado como un buen presidente. Pero si ha escrito libros de historia, debe saber bien que los grandes presidentes son recordados por tomar decisiones difíciles, no por aventar la bolita.

Los siguientes puntos son, creo, filosóficamente más significativos.

2. La interminable pugna entre el progreso y la naturaleza

Esto es una pugna que depende enteramente en qué consideramos progreso. La idea dominante, por supuesto, es una idea de progreso económico. Ésta es una lucha en la que siempre se conoce al perdedor de antemano. En todo el mundo, los impactos ambientales suelen estar muy abajo en las prioridades cuando se trata de desarrollar infraestructura. La naturaleza es siempre un obstáculo, por ende, dominarla es un triunfo del ser humano.

Que ésta sigue siendo la visión reinante, incluso entre buena parte de los jóvenes que supuestamente somos más eco-friendly, es evidente tan sólo entrando a su red social de preferencia. De otra manera no se explica que entre personas que están a favor de no usar popotes desechables, bolsas de plástico, unicel, etc.; personas que apoyan organizaciones y campañas a favor de los derechos animales y/ o de la preservación del medio ambiente, etc.; e incluso personas que son vegetarianas o veganas porque están en contra de toda forma de maltrato o explotación animal, pueda haber varios y varias que apoyaban el proyecto del aeropuerto en Texcoco, a pesar de que significaría la perdición de un ecosistema de vital importancia para 250 especies de aves, 19 de ellas en peligro de extinción; aunada a los daños colaterales de la construcción en sí, que incluyen el depósito de más de 4 millones de metros cúbicos de lodos tóxicos en minas de cuatro poblados, uno de ellos perteneciente a una región protegida. El progreso es así de importante: el fin justifica los medios, incluso los medios que no consideraríamos justificables en otras circunstancias.

El colofón: hace apenas unas semanas, la ONU reveló que de no cambiar nuestro rumbo, en 12 años alcanzaremos el punto de no retorno, la subida de temperatura llegará a 1.5 grados Celsius, lo que se traducirá en una catástrofe ambiental global. Surgieron un montón de artículos de “¿Qué puedes hacer para evitar…?”. El NAIM era un proyecto que, de acuerdo con José Luis Luege, ex director de CONAGUA y SEMARNAT (durante el sexenio de Calderón, ¿eh? Así que no es un pejezombie, izquierdista, chavista, demoniaco): “cambiar la vocación del lago artificial Nabor Carrillo significa la destrucción del hábitat para muchas especies de aves migratorias, acabar con un microclima benéfico en la zona oriente y la consecuente elevación de la temperatura promedio.” Pero igual esas cosas no importan tanto, supongo. Lo importante es dejar los popotes y lograr que toda nuestra basurita quepa en un frasco, eso sí ayudará.

Foto: Cuartoscuro

3. La interminable pugna entre el progreso y la pobreza

Éste es un tema más espinoso, en gran medida porque es más fácil decirnos que vale la pena explotar a la naturaleza en aras del futuro humano, que decirnos que es justificable usurpar otros futuros humanos en aras del futuro de una porción de la sociedad.

El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra lleva 17 años en pie en contra de este proyecto que amenaza su forma de vida. En todos estos pueblos la producción agrícola, tanto para comercio como de autoconsumo, es esencial para su supervivencia, tanto supervivencia en sentido estricto como supervivencia comunitaria y cultural. El NAIM no era sólo un aeropuerto, era también un epicentro para la formación de un área urbana y comercial de 500 mil metros cuadrados, incluyendo un segundo paseo – al estilo del Paseo de la Reforma – de 12 kilómetros (véase Enrique Pineda). Es claro que la coexistencia de este proyecto con la vida agraria de los pueblos locales era incompatible.

Ahora, es importante recalcar que no es que las personas a favor del aeropuerto estén en contra de los pobres. Al contrario. Creo honestamente que la mayoría de las personas a favor del NAIM creen que el proyecto del aeropuerto ayudaría a toda la población mexicana. El mito en juego es el de que, entre más desarrollo económico, menos pobreza. Es decir, el discurso es: el aeropuerto y la zona comercial circundante tendrían un enorme impacto económico positivo tanto para las comunidades locales como para la Ciudad de México y el Estado de México y el país entero en su conjunto. Generaría miles de empleos tanto en construcción, en primera instancia, como en servicios, ya de manera permanente; además de que incentivaría el turismo y el comercio internacional.

Ambas contenciones son ciertas, sin embargo, su resultado último es falso, en otras palabras, sí, se crean empleos y se incentiva el turismo y el comercio, pero no, no se disminuye la pobreza. A pesar de los muchos proyectos de infraestructura en el país, entre 2008 y 2018, el número de personas en situación de pobreza aumentó en 3.9 millones. Datos que son aún más inquietantes: Nuevo León y Guanajuato, dos entidades con tazas de desempleo y de pobreza relativamente bajas, son los dos estados con el índice Gini más alto del país, es decir, el índice con la brecha más grande entre ricos y pobres (véase la pestaña 17, celdas L18 y L26 del archivo de Excel ‘Prueba de hipótesis’ en el siguiente link de CONEVAL). Ambos estados, además, con mucha inversión en infraestructura.

Foto: RobertH

Lo que parece no ser tomado en cuenta para sostener el mito es que, aunque se generen empleos y el turismo aumente, los beneficios de ambos elementos van a parar, en mayor medida, en manos de unos pocos. La infraestructura y la inversión extranjera no son la panacea. No sirven más allá de crear empleos mal remunerados si no van acompañadas de reformas arancelarias y medidas para mejorar estructuralmente las condiciones de trabajo. Pero el mito se ve reforzado por un segundo mito: Tener infraestructura de primer mundo nos hace dejar de ser tercer mundo. En un país donde el 70% de los mexicanos nunca han volado, donde casi 44% de su población es pobre, los mexicanos que sí accedemos a los aeropuertos consideramos que un aeropuerto de primer nivel es absolutamente necesario, mientras que otros temas sociales como la preservación de los recursos naturales y de los modos de vida de poblaciones agrícolas e indígenas, son secundarios.

4. La eterna pugna entre el progreso y los derechos humanos

Otro de esos molestos diques para el flujo del desarrollo son los derechos humanos. Al menos ése es el discurso que, ya sea de manera maquillada o descarada, se maneja en torno a todos los proyectos que consideran permisible y justificable la destrucción de la forma de vida de todas las comunidades que se ponen en su camino. La muestra está en que México es el tercer lugar en América Latina en asesinatos de defensores de la tierra y el medio ambiente. En 2016 hubo tres asesinatos, en 2017 se registraron 17 homicidios y en lo que va del 2018, 17 personas han perdido la vida, Julián Carrillo, defensor de tierras rarámuri, siendo el más reciente, asesinado el 24 de octubre. Su hijo, sus dos sobrinos y su yerno le precedieron en la trágica caravana fúnebre que significa defender derechos contra la maquinaria del progreso.

Si bien la consulta fue muy deficiente y sus motivaciones políticas son sospechosas, la decisión de cancelar el proyecto es una forma de justicia para los pueblos a la orilla del lago de Texcoco: Texcoco, Atenco, Nexquipayac, Acuexcomac, Tocuila, Tepetlaoxtoc, Tezoyuca, Atlazalpa, Chiconautla, Tlalmanalco, Tlapacoya, San Juan de las Pirámides,Tecuautitlan, Ixtapaluca, Ixtlahuaca, Chipiltepec, Acolman; quienes han mantenido su frente de defensa de sus tierras durante 17 años. Sobre todo una forma de justicia (una forma insuficiente, tardía, precaria) para las víctimas de la represión de San Salvador Atenco entre el 3 y el 4 de mayo de 2006, ordenada por Peña Nieto, donde dos personas fueron asesinadas, 146 personas fueron detenidas arbitrariamente y 26 mujeres fueron sometidas a distintos tipos de vejaciones sexuales.

¿Qué beneficios otorga el aeropuerto a estas personas? ¿Qué beneficios traería a México (en su conjunto, no a unos pocos) que justifiquen el pisoteo de los derechos humanos? Si el fin justifica los medios, ¿por qué? ¿cuál es el fin, cuáles los medios, cómo se evalúan, qué valor se les asigna?

5. Y ahora que es Santa Lucía, ¿qué?

Por último, el hecho de que el aeropuerto se cancele no es el final de la historia. La mayoría de los especialistas en materia ambiental coinciden en que la zona del lago de Texcoco se puede recuperar ahora que el aeropuerto se ha cancelado, pero también coinciden en que dicho proceso no será fácil, será costoso y puede que no sea total (véase Darinka Rodríguez). Hay amenazas, también, pues, aunque el proyecto se cancele, el crecimiento irregular de la mancha urbana puede continuar su curso, lo que podría ser incluso más dañino que un aeropuerto que al menos debe obedecer ciertas regulaciones.

Habrá que hacer evaluaciones, estudios extensivos de la zona, cosa que no se ha hecho desde que comenzó la construcción en 2015. Sobre todo, se deberán tomar las medidas legales para que el sitio se convierta en una zona natural protegida.

Si bien una auténtica incidencia de la sociedad civil fue cooptada por una consulta deficiente, de aquí en adelante deberemos ejercer presión para asegurarnos de que, si el proyecto se detuvo, haya sido por algo que valga la pena.

Por último, es cierto que hay que prestar atención a los aspectos económicos a mayor escala. Ciertamente, en términos de mercado y tráfico aéreo, México está muy necesitado de un aeropuerto nuevo desde hace más de 20 años. Y aunque algunos analistas aseguran que la alternativa de Santa Lucía es viable, su vida útil, al menos en su versión actual, sería de unos 20 años mientras que la del NAIM sería de 80.

La sociedad es un organismo complejo en el que intereses, poderes, discursos y modus vivendi chocan y confluyen. La decisión de qué derechos deben primar nunca es sencilla. No obstante, ésta es una oportunidad para cuestionar la forma en que estas pugnas suelen darse en nuestro país, donde los enormes proyectos suelen ganar a costa del medio ambiente y de tejidos sociales. En México el “progreso” siempre se impone. Quizás en esta ocasión en que ha perdido, valdría la pena detenernos y pensar.

Todo está perdido

Hace poco vi ‘All is lost’, una película del 2013 en donde sale Robert Redford y sólo Robert Redford. Es una película relativamente sencilla. El guion original tiene solamente 32 páginas y apenas reúne un par de líneas de ‘diálogo’ (en realidad ‘monólogo’ ya que no hay nadie más) y de esas líneas, buena parte son sólo interjecciones y gritos de ayuda. No es la clásica película de supervivencia en solitario. El protagonista – y único personaje – no tiene nombre. En los créditos finales se refieren a él sólo como “Nuestro hombre”. El filme no usa los salvavidas fáciles que otros filmes similares utilizan, como un narrador, o un diario, o un objeto inanimado que se convierte en un amigo (como Wilson en Náufrago). Lidia de frente con uno de los aspectos más crueles del aislamiento: el silencio. La película me encantó. Me pareció audaz, auténtica, profunda e incluso mística. Se siente como una reinterpretación de El libro de Job. El hombre justo que sufre sin razón aparente. En El libro de Job, la razón es simplemente que no conocemos las razones de Dios y que siquiera tratar de entenderlas es vanidad. En la vida real, la revelación es tan inquietante como la de un Dios incomprehensible (¿sádico?): No hay razón. Las cosas suceden y no hay un significado ulterior para ellas. Al menos ninguno más allá del que nosotros podamos adscribirle, inventarle o construirle.

‘Nuestro hombre’ en ‘All is lost’ ha decidido lanzarse a cruzar en solitario el océano índico por razones que no conocemos y que nunca se nos aclaran. Cuando lo conocemos, ya está en medio de un desastre. Un contenedor a la deriva ha chocado con su bote y le ha abierto un agujero en cubierta. A partir de aquí, todo se va al carajo. Una y otra vez. Sin importar cuánto lo intente, cuánto sacrifique, cuánto da de sí mismo, el océano sigue golpeándolo.

No sólo me gustó la película porque sea buena, me gustó porque sentí que me habló directamente. Y me habló directamente porque llevo un rato a la deriva.

Hace poco más de dos meses comencé a sentirme extraño. Un tipo de extraño familiar. En ciertos momentos agitado sin una razón clara, como si algo terrible fuera a pasar y yo estuviera seguro. En otros momentos, la mayor parte de los días, sencillamente triste. Pero una especie oscura, pesada, pegajosa de tristeza. Un ahogarse, un perder toda esperanza de tristeza. Y en otras ocasiones, un entumecimiento, como el entumecimiento que se siente después de caminar por mucho, muchísimo tiempo, sólo para encontrar nada. Como diría Leonard Cohen: “I stepped into an avalanche, it covered up my soul”.

A esto debería sumar un problema continúo de dinero desde que llegué a Estonia. Un problema que se intensificó en el peor momento posible. Vine a Estonia sin beca, sin ninguna especie de apoyo financiero ni de México ni de la Universidad de Tartu. Logré venir gracias al dinero que gané de la traducción de un libro combinado con un préstamo. Ese dinero se me acabó en octubre del año pasado. Por un par de días comí galletas saladas con mayonesa. Di una clase de español en una escuela local, lo cual me ayudó, pero a partir de enero mis estudiantes tuvieron que dejar las clases por cuestiones laborales. Traduje, pero me pagaban en pesos y en la conversión continúa ese dinero se me iba entre los dedos como agua. Tuve que pedir otro préstamo para el segundo semestre. Afortunadamente, un buen amigo me señaló una beca del gobierno mexicano basada en “talento”, lo que sea que eso signifique. A finales de abril, la obtuve.

Había un último rayo de esperanza disponible. Hacia el final del semestre pasado, se nos dijo que cada año había una beca de colegiatura disponible que se otorgaba con base en calificación. Aunque en un inicio yo no entendía nada de mis clases, me esforcé. Seguí adelante. Me vertí por completo en la maestría. Cada vez que tenía un proyecto que entregar, una presentación que dar un ensayo que escribir, pasaba noches sin dormir. Y al final del primer semestre, obtuve una A en todas mis clases. En el segundo semestre igual. Es decir que hasta ahora he mantenido un promedio de A. De 5 sobre 5. En la primer semana de septiembre, recibí un formato para aplicar formalmente a la beca de colegiatura. Si las cosas seguían su curso natural, debía recibirla.

Mientras tanto, el dinero de la beca mexicana se me acabó a mediados de agosto. Ese mismo mes, se suponía que debía recibir el dinero correspondiente al segundo semestre. Ya que la burocracia mexicana es una monstruosa combinación de pesadilla kafkiana y de película de Cantinflas, recibí el dinero hasta el viernes pasado, lo cual quiere decir que pasé dos meses sin dinero, dependiendo por completo de préstamos pequeños de amigos, familia y de mi novia, quienes, yo sé, también batallan.

Hubo un par de momentos en que sentí que había tocado fondo. Uno fue hace como un mes. Aquí en Estonia uno puede intercambiar botellas vacías de cerveza o refresco por dinero. 10 centavos por botella. Así que un día, teniendo como 30 centavos en mi cuenta, decidí que sería buena idea llevarme una bolsa de plástico conmigo mientras corría en caso de que encontrara botellas abandonadas en la calle. En 5 kilómetros sólo encontré una. Saqué la bolsa que traía conmigo y cuando la desdoblé, me di cuenta de que era una bolsa de farmacia en donde no cabía la botella. La dejé. Otro momento ocurrió hace un par de semanas – de hecho, fue justo el día en que llegué a Tallin de Riga (en el mismo camión en que vi ‘All is lost’) -, cuando en el aeropuerto de Tallin encontré una canasta de manzanas. Una especie de regalo simbólico del aeropuerto a los viajeros por el inicio del otoño. Circulé alrededor de la canasta con timidez hasta que estuve seguro de que nadie me veía y entonces me acerqué y metí todas las manzanas que pude en mi mochila a sabiendas de que no tenía dinero ni una fecha de depósito cercana.

Pero nada de esto es tan importante como lo que constituía mi preocupación más urgente: esta tristeza que todo lo impregna, este lento hundirse. Sabía que necesitaba ayuda. Sabía que necesitaba ir con un psiquiatra para comenzar a tratar esto. Pero no tenía dinero. Una amiga me prestó dinero porque sabía que esperar más podía ser peligroso. Luego una profesora muy amable me ayudó a hacer la llamada para concretar una cita.

Hoy por la mañana fui al psiquiatra. Después de salir, sentí como que por fin había podido alzar mi cabeza por encima del agua, como que por fin alcanzaba una bocanada de aire. Mientras caminaba de vuelta a casa, comencé a pensar que quizás debería a ir a un café esta tarde, darme un gusto para variar. Las cosas ahora serían mejores.

Llegué a mi departamento, abrí mi correo y me encontré con el siguiente mensaje:

“Me da tristeza anunciarles que aunque un estudiante con beca de colegiatura dejó el programa el año pasado, la oficina de asuntos académicos no transferirá la beca a otro estudiante.

Esto debido al número de estudiantes aceptados en su programa. Sólo cuando hay menos de 10 estudiantes con beca de colegiatura, la universidad transfiere la beca a otro estudiante”.

Hay un momento en ‘All is lost’ cuando ‘Nuestro hombre’ se da cuenta de que ya ha cruzado la línea de paso de cargueros en el océano Índico. Sus posibilidades de ser visto y rescatado por un barco se ven seriamente reducidas.

Yo contaba con esa beca. Le dije a todo mundo en México que las cosas iban a mejorar porque casi con total seguridad recibiría esa beca. Trabajé tanto y me esforcé por tanto tiempo. Lo di todo. Lo intenté. Nunca entendí ni siquiera porqué no me dieron la beca desde un inicio. 10 de 15 personas la obtuvieron. Cuando llegué y vi que no entendía una palabra de lo que se decía en clases, pensé que estaba bien. Sí, en efecto, no me merezco esto, claramente no es lo mío. Pero luego me di cuenta de que casi todos mis compañeros estaban igualmente perdidos. Y lo que es más, me di cuenta de que era capaz de escribir ensayos exhaustivamente investigados, interesantes, catalizadores de discusiones. Y más aún, muchos profesores me felicitaron por mi trabajo, me dijeron que podría publicarlo si le hacía algunas correcciones. Uno de mis profesores, el mejor hasta ahora y uno al que quiero considerar mi amigo, me dijo al terminar el primer semestre: “Eres un líder y este programa te necesita”. Y a pesar de todo eso, no obtuve la beca.

Había otra persona compitiendo por ella. Mariia, mi mejor amiga en Tartu. Una chica rusa brillante que también ha sufrido por cuestiones económicas. Si ella hubiera ganado la beca, al menos habría una cierta alegría, una sensación de recompensa. Pero ni ella ni yo ganamos nada por una cuestión técnica. Y quizá lo que se siente más insultante es que nos pudieron haber dicho esto desde un principio. Hacernos firmar una aplicación parece ahora una broma cruel. Mantuvieron vivas nuestras esperanzas hasta el final.

No tengo idea de cómo voy a salir de esto. La beca mexicana apenas me alcanza para pagar mi colegiatura, pero ya que he pasado dos meses sin dinero, buena parte de la beca se me irá en pagar deudas. Ya no quiero pedir más, puesto que el dinero que debo ya de por sí pende sobre mí como una nube negra.

“13 de julio, 4:50 pm. Lo siento. Sé lo poco que eso significa ahora. Pero lo siento. Lo intenté. Creo que todos deben aceptar que lo intenté. Ser honesto. Ser fuerte. Ser bondadoso. Amar. Ser justo. Pero no lo logré. Y sé que ustedes lo sabían, cada uno a su manera. Pero lo siento. Todo está perdido aquí, excepto por el alma y el cuerpo. Quiero decir, lo que queda de ellos. Y medio día de raciones. No hay excusa, realmente. Lo sé ahora. Cómo fue que me tomó tanto tiempo admitirlo, no lo sé. Pero así fue. Luché hasta el final. No sé cuánto valga eso, pero sé que lo hice. Siempre he esperado más para todos ustedes. Los extrañaré. Lo siento”.

Eso es lo que ‘Nuestro hombre’ escribe en una carta. No es un spoiler. Se muestra al inicio de la película. Así es como me siento hoy.

En mis primeras semanas en Estonia salía a correr todas las mañanas. Cada día corría un poco más lejos. Empecé a correr más allá del letrero de ‘Bienvenido a Tartu’. Y cada día que pasaba ese letrero me invadía este sentimiento de libertad. Una mañana me di cuenta de que estaba huyendo. Estaba tratando de escapar. Pero decidí quedarme y luchar. Tal vez hoy, finalmente, puedo decir que luché y perdí. Ahora puedo marcharme, derrotado, pero sabiendo que lo di todo.

Tanta gente me ha ayudado en el camino. Amigos, familia, mi novia. Con toda honestidad, siento que se me ha acabado la energía. Ya no me queda nada. Esto es tan lejos como pude llegar. Lo intenté y creo que cualquiera que me haya visto sabe que lo intenté. Todo está perdido aquí.

Pero luego he pensado en una cita de la primera novela que me avasalló, Rayuela, de Julio Cortázar: “Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo”.

Todo está perdido.

Empecemos de nuevo.

Aunque no prometo nada.

All is lost

Some days ago, I saw ‘All is lost’, a 2013 film starring Robert Redford and only Robert Redford. It’s a very straightforward movie. The original screenplay was only 32 pages long and it features only a couple lines of ‘dialogue’ (actually monologue since there’s no one else) and from those lines, most of it is just swearing or screaming for help. It’s not the typical survival film. The main and only character doesn’t have a name, it’s just referred to as ‘Our man’ in the ending titles. The film does not make use of the easy aids other similar films use, like voice over narration, a journal of some sort, or an inanimate object becoming a friend (like Wilson in Cast Away). It deals with one of the most terrible aspects of isolation head on: silence. I loved it. I think it’s wonderful. Bold, authentic, profound and even somewhat mystical. It feels very much like a modern retelling of the story of Job. The just man who suffers with no apparent reason. In Job’s book however, the reason for this is simply: we don’t understand God’s reasons and to try to understand them is vanity. In real life the revelation is equally if not even more unsettling to an incomprehensible (sadistic?) God: There is no reason. Things happen and there is no greater meaning to them. At least no other than the one we are able to ascribe to it, or get from it, or make of it.

‘Our man’ in ‘All is lost’ has decided to undertake a dangerous journey in the open sea by himself for reasons we don’t ever find out. When we meet him, he is already in the midst of disaster. A container adrift has crashed into his boat and poked a hole on the side. From here on, it’s all downhill. It doesn’t matter how much he tries, how much he sacrifices, how much he gives of himself to go on, the ocean just keeps knocking him down.

I didn’t just like this movie because it’s good. I liked it because it spoke to me. And it spoke to me because I am and have been for some time adrift.

A little over two months ago, I started feeling weird. I started feeling a familiar kind of weird. At times unsettled without a clear reason, as if something terrible was about to happen and I knew for sure. At other times, most of the day, just sad. But a dark, heavy, sticky kind of sad. A hopeless, drowning kind of sad. And at other times, a numbness, as the numbness after walking for long, so long, only to find nothing. As Leonard Cohen would put it: “I stepped into an avalanche, it covered up my soul”.

To this I should add a continuous struggle with money since I arrived in Estonia. A struggle that intensified on the worst possible moment. I came to Estonia without a scholarship, without any kind of financial help neither from Mexico nor from the University of Tartu. I managed to come with the money I got from a book translation coupled with a loan. That money ran off by October last year. During a couple of days back then I ate crackers with mayonnaise. I taught Spanish lessons in a local school, which helped, but by January my only two students couldn’t come anymore. I translated, but being paid in pesos, the money just slipped through my fingers like water. I had to ask for another loan for the second semester. Luckily, a good friend pointed me in the direction of a Mexican scholarship based on “talent”, whatever that is. By the end of April I got it.

There was another glimpse of hope available. By the end of the last semester we were told every year, another tuition waiver scholarship was allocated based on grades. Though I did not understand anything in the first couple of months of the master’s program, I ploughed through. I worked as I had never worked before academically. I poured myself into it totally. I didn’t sleep at all each night before a project, presentation or paper. And by the end of the first semester, I got an A on each of my courses. By the end of the second semester, the same. Meaning up till now, I have an A average grade. A 5 out of 5 GPA. On the first week of September, I was sent a form to formally apply for the tuition waiver. If everything just went along in the way it was supposed to be, I would get it.

In the meantime, the money from the Mexican scholarship ended by mid-August. I was supposed to be able to get the corresponding money for this semester from the same scholarship in August, precisely, however, because of that Kafkian nightmare that is Mexican bureaucracy, I only got the money this past Friday, which means that during two months I had no money. I depended totally on small deposits from family, friends and from my girlfriend, all of whom I know also struggle.

There were a couple moments when I felt I hit rock bottom. One was about a month ago. Here in Estonia you can exchange empty beer or soda bottles for money. 10 cents per bottle. So, one day, I had about 30 cents in my account, and I went out jogging with a plastic bag in my pocket, hoping I would find bottles to exchange for money. In about 5 km I only found one. I pulled the bag and when I unfolded it, I realized it was a pharmacy bag where the bottle didn’t fit. I left it. Another moment happened a couple weeks ago – actually, it was after arriving in Tallinn from Riga (in the same bus where I saw ‘All is lost’) –, when in Tallinn’s airport I found a basket full of apples. A sort of symbolic gift the airport was giving away because autumn was beginning. I passed around it a couple times, timidly, and finally, when nobody was watching, I approached the basket and took as many apples as I could and put them in my back-pack because I had no money and no foreseeable date as to when I was going to receive the money from the Mexican Scholarship.

But this all is not as important as the most crucial thing that worried me: this pervasive sadness, this slow, steady sinking. I knew I needed help. I knew I needed to find a psychiatrist and start treating this. But I had no money. A friend lent me money because she felt waiting any longer could be dangerous and a very kind professor called to a psychiatric office to make an appointment.

Today I went to the psychiatrist in the morning. After I left, I felt as if I was finally above water, as if I had finally grasped for some air. While I walked back home, I started thinking I should probably go to a café in the evening, treat myself for a change. Things would be better now.

I arrived at my apartment, opened my email and found the following message:

“I am sad to let you know that although a student with a tuition-waiver scholarship left the program last year, the Office of Academic affairs in not transferring it to another student.

This has to do with the nominal number of students accepted to your program – only when there are less than 10 students with tuition waiver left, will the university transfer the scholarship to another student”.

There is a moment in ‘All is lost’ when ‘Our man’ realizes he has already crossed the shipping lane in the Indian Ocean, meaning the possibility of a ship finding and rescuing him becomes very, very low.

I counted on that scholarship. I told every single person back home that things would get better because I was almost certain I would get that scholarship. I worked so hard and so long. I gave my all. I tried. I never even understood why I didn’t get it to begin with. 10 out of 15 people got it. When I arrived and I saw I didn’t get most of what was spoken about in classes, I thought it was fair. Yeah, sure, I don’t deserve it, I am clearly not cut out for this. But then I realized most of my classmates were equally confused. And moreover, then I realized I could write engaging, thoroughly researched, thought-provoking essays. And what’s more, many professors started commending my work, telling me I could publish if I edited my papers a little. One of my professors, the best one so far and one I would like to consider my friend, told me by the end of the first semester: “You are a leader, and I think this program needs you”. And in spite of all that, I did not get it. There was another person competing for it. My best friend here in Tartu, Mariia, a brilliant girl from Russia who has also had a hard time making ends meet. If she had got it, at least there would be some sort of relief, of joy. But neither her not me got it because of a technicality. And maybe the most insulting part is that they could have told us this since the beginning. Making us sign that application was just like a cruel prank. They kept our hopes up until the very end.

I have no idea how I am going to manage. The Mexican scholarship is barely enough to pay for the tuition, but since I spent two months without money, a good chunk of it is going off to pay debts. I don’t want to ask for any more money because the money I already owe hangs like a heavy cloud above my head.

“13th of July, 4:50 pm. I’m sorry. I know that means little at this point. But I am. I tried. I think you could all agree that I tried. To be true. To be strong. To be kind. To love. To be right. But I wasn’t. And I know you knew this, in each of your ways. And I am sorry. All is lost here, except for soul and body. That is, what’s left of them. And a half day’s rations. It’s inexcusable, really. I know that now. How it could have taken that long to admit that, I’m not sure. But it did. I fought to the end. I am not sure what that is worth, but know that I did. I have always hoped for more for you all. I will miss you. I’m sorry.”

That’s what ‘Our man’ writes in a letter. It’s not a spoiler, it is shown at the very beginning of the movie. That’s how I feel today.

In my first few weeks in Estonia I was jogging every morning. Each day I ran a little bit further away. I started running past the “Welcome to Tartu” sign. And everyday when I passed that sign and kept going I got this freeing feeling. One morning I realized I was running away. I was trying to escape. But I decided to stay and fight. Maybe now, finally, is when I can say I fought but I lost. I can leave now, defeated, but knowing I fought.

So many people have helped me along the way. Friends, family, my girlfriend. In all honesty, I feel I have ran out of steam. I have no fuel left. This is it. This is as far as I could fight. I tried and I think everyone who has seen me can agree that I tried. All is lost here.

But then again, I remembered a quote from the first novel that blew my mind, Hopscotch, by Julio Cortázar: “Nothing is lost if you have the courage to accept that all is lost and that you must start again”.

All is lost.

Let’s start again.

Though I don’t promise anything.