Desayuno en buena compañía

Sentado solo en una mesa del patio de un hotel, revuelvo mi café. Abierto, a un lado mi jugo tengo mi cuaderno de notas y las páginas vacías y la pluma me esperan. A un lado de mí, mediando entre un naranjo y un limón hay una fuente. Sobre ella se revuelven los agraristas como se revuelven los granos de azúcar en mi café. Aquí dentro, aunque ya el cielo está despejado, se conserva un ambiente lluvioso y una tranquilidad gris trepa por las enredaderas de los muros hacia el cielo abierto, como si la sombra de la lluvia se evaporara. Y de los árboles que enmarcan el patio y de sus nidos detrás de las ramas, surgen otros pájaros que siguen el sinuoso vuelo de esos vapores para continuar su día.

Parece que del baño viene música que acompaña el sonido de mi tenedor al pasar por el plato (Curiosamente esta primera canción es Moon River  ¿Acaso me esperaban?). Sobre el mantel blanco, donde se distribuyen como copos algunas flores de jazmín, se para un pequeño pajarito y atentamente y muy quieto me observa. Yo, por ser el abordado, espero que él haga el primer movimiento.

–          ¿Por qué solo? – Me pregunta. Sé que parece extraño que un ave me hable – a mí que tan poco tengo que decirle a una criatura que vuela -, pero en mañanas como ésta, acompañadas e intensificadas por un buen café, me siento (y probablemente un poco me veo) como Blancanieves. Alguna vez tuve una conversación muy agradable con un ratón en la biblioteca de mi abuela.

–          Porque vine solo. – Le respondo. – Y tú, ¿por qué no acompañas a los de la fuente? O ¿por qué no sales a la plaza como aquellos? – Se nota que he dado en el blanco. El avecilla, mira a sus compañeros, baja su minúscula cabeza un momento (un brevísimo momento, todos hemos visto lo rápido que se mueven estos animalitos) y luego me ve.

–          Me dan miedo las alturas. – me confiesa, claramente avergonzado. Y con su gran orgullo de criatura aérea magullado me devuelve la flecha.

–          ¿Y tú? No te he visto escribir nada en esa hoja y llevas aquí casi una hora. – Es cierto, no puedo fingir, me ha atrapado. Esa hoja en blanco es mi firmamento. Sus bordes son las cornisas, las ramas, los techos de los cuales no me atrevo a aventarme, después de todo mis alas sólo tienen una pluma y quién sabe si ésta evitará que me precipite al suelo sin haber construido al menos una red de palabras que me salve.

–          Es que me da miedo caerme. – Acepto en voz baja.

Nos miramos entonces como dos criaturas vulnerables, ambos atados a la tierra por miedosos. Yo veo dentro de sus ojos de una oscuridad redonda y completa y él ve los míos. Nos entendemos.

–          Te prepongo algo. – Le dije. – ¿qué te parece si intercambiamos saltos?

Él aceptó el trato y además aceptó acompañarme hasta que terminara mi café. Hablamos de otras cosas, de viajes, de libros y de cine. Me dijo que le encanta Wim Wenders y me preguntó por qué. Nos despedimos sabiendo que habríamos de saber del otro algún día.

Ahora tendré que buscar el sitio apropiado, el tejado, el balcón, el peñasco, el árbol desde el cual emprender vuelo, y ahora él tendrá que encontrar una hoja de árbol para escribir un cuento.
Quién sabe quién de los dos se elevará, o al menos, caerá con más gracia.

7 comentarios en “Desayuno en buena compañía

  1. Me quedo con la siguiente descripción: “Aquí dentro, aunque ya el cielo está despejado, se conserva un ambiente lluvioso y una tranquilidad gris trepa por las enredaderas de los muros hacia el cielo abierto, como si la sombra de la lluvia se evaporara”.

  2. Me hubiera gustado que la descripción siguiera, cuando en el texto dice que moon river se escuchaba de fondo por un momento pude escucharla y sentir el olor del café, pero derrepente la ambientación dejó de tomar lugar, se perdió el “mood”.

  3. Estoy atrapado en la descripción… y de verdad es un texto muy bonito, la frase que me gusta es “Yo, por ser el abordado, espero que él haga el primer movimiento”, no se hubo algo que me identificó…

  4. empieza describiendo muy bien las cosas, y sientes estar presente en aquel lugar y (como dijo Royina) se pierde esto en algún momento, aunque si puedo imaginarme el pájaro hablando, la historia tiene su lado tétrico al final (por que sabremos que no volara… o por lo menos yo) en resumen me gusto ese manejo de algún miedo que todos tenemos

  5. Comprendo la metáfora del texto o mas bien, el mensaje. Es como si hablaras contigo mismo, reflexionando tus sentimientos. Interesante texto, muy facil de imaginar, lo cual lo hace atrapante. Felicidadea.

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