El arqueólogo de lo cotidiano

Muchos (incluyéndome a veces) no comprenden su labor. Andando por calles que nunca han sido contempladas por las grandes universidades como posibles recipientes de la historia, recoge pedacitos de ciudad. Un resorte roto por acá, una corcholata doblada, una vara… Pequeño arqueólogo de lo cotidiano mi hermano. Desenterrando objetos a ras de suelo, coleccionando y diseccionando piezas clave del ayer más olvidado por ser el más cercano.
Y una vez acabados sus estudios, una vez tomadas las notas, una vez sacadas las conclusiones, relega sus tesoros a rincones de su cuarto, al museo que construye bajo su cama; y como muchos otros grandes arqueólogos parte de nuevo a sus arenas de Egipto, a sus selvas sudamericanas, a sus cañones de Jordania, a las grietas por donde se precipita el tiempo en reversa que para él están en las calles de León de Los Aldama.
Pequeño arqueólogo de lo cotidiano mi hermano, con una gran tarea, estudiar al hombre a través de sus ruinas frescas, comprender a la ruina que ahora es el hombre.

Carta de un niño indignado a un periódico irresponsable

Señores del periódico «Mañanero»:

El otro día mi papá compró su periódico porque el señor que se los bende ya no tenía del periódico que siempre compramos y entonses como le urjía saver cómo abía quedado el partido del domingo compró el suyo y yo espero que eso ya no buelva a pasar porque la berdad es que su periódico es muy malo.

Mientras mi papá beía la sexión de deportes yo tomé otra sexión y la primara notisia que vi fue una de que unos ladrones se estavan robando las tapas de unas alcantarillas del centro y luego desía que no abían atrapado a ninguno de esos ladrones y entonses yo pensé que si no abían atrapado a ninguno entonses no podían saber si de berdad eran ladrones los que se llebaron las tapas y no deberían de poner en el periódico cosas que no saben bien. Podría ser que esas tapas las estubiera quitando una familia de conejos que ya no encuentra madrigueras o qué tal que es un señor minero que ya no tiene mina y está buscando nuebas o un abenturero que quiere encontrarse con terrivles corcodilos para pelear o un señor desos que buscan ciudades antiguas o unos caballeros que quieren aserse escudos o hasta como mi tío Edelmiro que quita tapas desas y de otras para derretirlas y luego benderlas ya echas otras cosas.

Yo ya no boy a comprar su periódico y le boy a desir a mi papá que él tampoco lo compre porque no disen cosas berdídicas.

Atentamente: Luis Arturo Romero Gómez.

(La redacción y la ortografía de Luis Arturo fueron respetadas, sólo se agregaron acentos donde se debía para que fuera más legible)

Cosas Perdidas

Me inquietan las cosas perdidas. No es el no encontrarlas, es el que su existencia se prolongue. Que continúen ocupando un espacio en el mundo, un espacio insospechado que ha escapado a todo intento de conquista. Me inquieta su presencia secreta, su latir perpetuo. Su necedad de aferrarse al mundo, de permanecer, escondidos y reclamandonos eternamente con diálogos de vacío el que hayamos dejado de buscarlas.