El arqueólogo de lo cotidiano

Muchos (incluyéndome a veces) no comprenden su labor. Andando por calles que nunca han sido contempladas por las grandes universidades como posibles recipientes de la historia, recoge pedacitos de ciudad. Un resorte roto por acá, una corcholata doblada, una vara… Pequeño arqueólogo de lo cotidiano mi hermano. Desenterrando objetos a ras de suelo, coleccionando y diseccionando piezas clave del ayer más olvidado por ser el más cercano.
Y una vez acabados sus estudios, una vez tomadas las notas, una vez sacadas las conclusiones, relega sus tesoros a rincones de su cuarto, al museo que construye bajo su cama; y como muchos otros grandes arqueólogos parte de nuevo a sus arenas de Egipto, a sus selvas sudamericanas, a sus cañones de Jordania, a las grietas por donde se precipita el tiempo en reversa que para él están en las calles de León de Los Aldama.
Pequeño arqueólogo de lo cotidiano mi hermano, con una gran tarea, estudiar al hombre a través de sus ruinas frescas, comprender a la ruina que ahora es el hombre.

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