Crisis de identidad de un juguete en la era de la transcisciplinariedad

“In the context of semiotics, it becomes especially vividly apparent that transdisciplinarity can be regarded as embedded in objects” (Randviir 2009:90).

La familia González se reúne a partir la rosca y abrir los regalos que han traído los reyes venidos de oriente. Tradición anual que, como tantas otras, no es nada sencilla en la familia González, cuyos miembros están extraordinariamente escolarizados para la media mexicana (cosa que ratificaría sin dilación la tía Sonia, quien tiene un doctorado en demografía y trabaja en el Inegi), todos ellos en ámbitos disímbolos de las humanidades y en ocasiones antagónicos, lo cual puede – y suele – llevar a desencuentros.

Un ejemplo aclarará la gravedad de la situación.

Paquito (6 años, cuadro de honor) abre su regalo: Es una figura de acción, un muñeco hiper musculoso, un clásico de los 80: He-Man. Las expresiones en los rostros de la familia que se reúne en la sala son variadas y habrá que detenerse a analizarlas, una por una. Vayamos primero a Tobías, 55 años, mercadólogo, quien al ver al rubio e hipertrofiado juguete, esboza una sonrisa de oreja a oreja. Par él He-Man es un memento de una de las cimas de la creatividad publicitaria, muy bien representada por el mundo de los juguetes de los 80. Javier, 55 años, comunicólogo con especialización en estudios de medios (y hermano mellizo de Tobías) también sonríe ampliamente. He-Man y los maestros del universo es, para él, uno de los primeros y más interesantes usos de la narrativa transmedial con fines publicitarios. Tobías y Javier son los únicos que sonríen.

Diseccionemos el resto de las muecas presentes. Miguel, 47 años, sociólogo por la UAM, hermano menor de Javier y Tobías (a quienes detesta), ve con desdén ese pedazo de plástico que no constituye nada más que otro burdo ejemplo del sucio imperialismo cultural yanki. Por supuesto, también ve los métodos de explotación del capitalismo salvaje, es decir, ve las manitas maltratadas del niñito chino que hizo ese juguete por un mísero yen (o algo así) contrastadas con las manos repletas de dinero de los directivos de Matel. Héctor, hijo de Miguel, 23 años, actualmente cursando el primer semestre de su maestría en Filosofía, recientemente convertido al neomarxismo de Gramsci, también dirige una mirada disgustada al juguete, al cual considera la reificación de los valores neoliberales más deleznables: el culto al individualismo y una adhesión implícita al darwinismo social, pero se cuida de enunciar sus opiniones ya que sabe que por su posición social él no puede ser un intelectual orgánico.

La tía Herminia, 50 años, psicóloga, tuerce la boca elocuentemente, dejando claro a quien la mirase en ese instante que ése regalo es la evidencia incontestable de que Paco es el más atormentado por la figura ausente del padre, a quien ha mitificado hasta la caricatura. Y no quiere ni meterse en el escabroso camino de las significaciones de que Paco le regalase ese juguete a su propio hijo, Paquito.

Carolina, 38 años, feminista de la tercera ola, tiene una expresión de profunda consternación. Es evidente que He-Man es un terrible ejemplo a seguir para su hijo (Paquito es su hijo, pero Carolina no se define por su posición de madre) un compendio de rasgos físicos que encarnan la fantasía machista del hombre salvaje, musculoso y bárbaro y en general un refuerzo más – como si se necesitaran más – de los estereotipos de género que determinan que el hombre debe ser el protector y el único que puede tener aventuras. Aunque, por otro lado, Carolina también recuerda la existencia de She-Ra la princesa del poder, muñeca que, por supuesto, tuvo y que significó mucho para ella, pues era una muñeca poderosa y valiente. Su hija, Susana, sin embargo, no tiene dudas de la maldad latente en el obsequio. A los 17 años, Susana se identifica como feminista de cuarta generación y está atendiendo a un diplomado de estudios de género. Le horroriza el discurso de masculinidad tóxica en el que ese horroroso muñeco claramente se inserta. Además, le preocupa que su hermano, a tan corta edad, sea ya incluido en un rígido constructo binario.

Finalmente está Valentina, 28 años, hija de Tobías, quien regresó de Edimburgo, de su maestría en estudios postcoloniales para pasar las fiestas con su familia, pero que al ver ese regalo quisiera regresarse, pues no soporta la propagación de esos mitos en que el salvador es rubio, claramente de linaje anglosajón o noreuropeo, y el villano es aquél que es diferente.

Paquito… Paquito tiene una mirada que tiene algo de desconcierto, pero sobre todo es una mirada de decepción. Él esperaba el videojuego Monster Hunter World para PS4. Paco, su padre, al descubrir el desencanto en los ojos de su vástago, es sorprendido por una lágrima solitaria, porque Paco es un nostálgico y para él He-Man era la infancia.

Por su parte, He-Man, mantiene el gesto desafiante de siempre, aunque uno juraría, si se le mira bien, que hay un no sé qué de vértigo en sus ojos negros, un algo de horror existencial. Defecto de fábrica, seguro.