La Metamorfosis

Mírenla, aquella es María… No, no ésa, la de allá. La de uniforme blanco que carga algo bajo el brazo. Sí, ella es, la que se ve impaciente. Son las 6 de la tarde con 13 minutos, hoy ha salido tarde del trabajo, un hombre ha durado 27 minutos en el teléfono. No es para hacer dramas, lo malo es que ha perdido la oruga que toma siempre y va a llegar tarde y Rodolfo no va a estar contento. En fin. ¿Qué hacerle? De hecho si de verdad ponen atención se darán cuenta de que la demora le ha dibujado una sonrisa apenas notable en su cachetona faz. ¿Por qué? ¿Por qué si ahora tardará más en llegar a casa, por qué si Rodolfo la va a regañar por no tenerle algo de comer, por qué si la oruga que viene estará mucho más llena? Es triste decirlo, pero la sonrisa se debe a que esa equivocación y todo lo que la ha de acompañar son lo más emocionante que le ha sucedido en la semana. Todos los días de todas sus semanas son lo mismo, siempre lo mismo. Ocho horas de llamadas, ninguna dirigida a ella. Siempre la nostálgica mirada a los folletos en el escritorio, los de comida, los de salud y sobre todo a los de viajes, Roma, Buenos Aires, Marruecos, Bombay… Una torta de queso de puerco y una coca cola. Las pláticas de siempre con Lola y Margarita, que si el marido hizo tal, que si el niño se les enfermó, que si Arturo (el de la novela) besó o no besó a Virginia… siempre la salida a las seis y la oruga de las 6:11, siempre entre 45 minutos y una hora a su casa, siempre frijoles en la mesa, siempre Rodolfo en la silla… siempre María, siempre la misma. Pobrecilla mírenla. ¿Qué es eso que trae bajo el brazo?… pero claro, tenía que ser la TV notas más reciente. María la hojea y encuentra escándalos y enredos y su corazón se retuerce de deseo, deseo de verse alguna vez en ellos… “¡Cachan a María saliendo del motel Venus con un nuevo galán!”, “¡Examante acusa a María de acoso sexual!”… esto sueña maría mientras pasa las páginas de barato contenido. ¡Pobre María! Tan desesperada está por algo de vida que se sube siempre en la zona más llena de hombres del camión con la esperanza inquebrantable de recibir algún día un piropo de a dos pesos… No lo recibe María, ni lo recibirá; siempre con la dignidad intacta, siempre con el orgullo magullado, siempre envuelta en el denso tejido de su insoportable normalidad a la espera de transformarse en alguien más.
Mas no se preocupen, no sientan lástima que la fortuna siempre zurce destinos insospechados y a María le toca hoy. Seguramente el hombre que tardó 27 minutos en el teléfono era un ángel con voz de cliente insatisfecho pues al haberle robado a María unos minutos, la había obligado a subir en aquella unidad vieja  y descuidada del transporte leonés. Unidad que había estado guardada y tapada durante siete semanas y a la que habían decidido darle un último día de trabajo antes de jubilarla, y así es que mientras María lee lo último sobre Galilea Montijo el destartalado Optibus se detiene en seco (sin ninguna caída que lamentar pues el apretujamiento en el interior de estos medios de transporte suele ser una fuerza mayor que la gravedad). El conductor del camión se levanta y les dice a todos que no hay broncas, que ya habló a la central y que ya mandaron otra unidá para remediar el problema. Y así, en medio del barullo y el descontento colectivo, sumergida en el aroma creciente a sobaco, los latidos de María saltan de júbilo pues su día se ha vuelto muy distinto a los demás, muy en el fondo de su bodoque cuerpecillo tiene el anhelo de quedarse ahí, de que no llegue la unidad… sin embargo el flamante Optibus modelo 2012 llega y rescata el día para las enojadas sardinas, que pronto son evacuadas y cambiadas de lata. Miren a María, la pobre se queda como perrito que no quiere que lo lleven al veterinario, véanle nada más los ojitos de tristeza. Ya no queda nadie y debe salir, y así como así regresa a la corriente diaria… Sé que están decepcionados y créanme que ella más, pero esperen y vean que yo sé que aquí hay una historia… María está a punto de dar el paso a la esclavitud cuando la puerta se le cierra en la cara e inexplicablemente y ante la sorpresa de todos, la Oruga, ya sin conductor avanza llevándose a esa pobre gordita a quién sabe dónde.

Dentro del Optibus María está que no puede con su emoción, ¡chéquense esa sonrisa, se le ven todos sus dientes, todas las encías, toda la felicidad loca del mundo!, ¡Al demonio con las llamadas, al demonio con las tortas, las cocas, los frijoles y Rodolfo!; si Diosito quería que hoy se fuera al cielo, estaba más que dispuesta con tal de que llegara mínimo a la segunda página del periódico. ¡¿Qué dirían Lola y Margarita?! ¡¡Qué Locura, qué dicha!!
La Oruga acelera y va derechito al Malecón del río, decidida a aventarse al lecho de asfalto, decidida a acabar con sus días, aumenta la velocidad y todo está a punto de irse al demonio, todo, María y Oruga a punto de acabar juntas en un final increíble de vidrios, fuego y metales torcidos y María ríe a carcajadas y agradece al fin la libertad y finalmente en un grito de alegría desaforada caen… pero…, pero no han tocado el suelo, y… siguen sin tocarlo y María abre los ojos que había cerrado ya lista para ingresar por la puerta de los cielos, y ve por la ventana y sorprendida mira la ciudad quedando cada vez más abajo; la calzada, el expiatorio, el centro, la catedral… todo allá, encogiéndose en el suelo mientras cientos de ojos azorados ven una extraña mariposa gigantesca de metal volando lejos, desapareciendo lentamente detrás de un horizonte que jamás ha de olvidarse en León Guanajuato.

Sé lo que están pensando, que soy un mentiroso, que esto jamás ocurrió, que me lo estoy inventando todo; pero si así fuera expliquen por favor esta noticia en la primera plana del बंबई दैनिक (Bombay Daily Mail) en el que se explica que un extraño avión verde aterrizó en el centro histórico de la ciudad, o más aún, díganme ¿quién es ésta de la foto de la revista गपशप (Chismecitos) anunciada como la nueva estrella de la vida nocturna en Bombay? Creo que todos reconocemos esa sonrisa.

Un comentario en “La Metamorfosis

  1. Lo adoré… Alguna vez me vi como Emma Bovary, más ambiciosa quise encarnar a Carmen o a Sabine, ahora sé que tengo la promesa de que pudiese ser María si me sigo esmerando en llevar monotonamente mis días

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