Diario 2020-2022, parte III

Jueves 9 de abril, 2020

Vimos Dolor y gloria de Almodóvar.

Lo personal en el arte tiene valor cuando, escarbando muy hondo, trasciende y se vuelve una expresión universal. Esto quiere decir que hay un punto donde la intimidad es comunión.

Viernes 10 de abril, 2020

¿Tengo tendencias tiránicas? Es posible que en parte mi deseo perpetuo de rebelarme, mi desdén por la autoridad provenga de ello. Ese querer siempre tener la razón, sentir angustia ante el desacuerdo, querer eliminarlo. Debo reconocer en mí este impulso autoritario, ese deseo de imponer mi visión.

Pensé en esto mientras escuchaba un podcast sobre Roland Barthes, sobre su ruptura con Sartre porque uno no puede luchar contra la autoridad utilizando sus mismos recursos. Este afán de dominación, de totalización, está en el origen de tantas disidencias. Por ello es tan común que, cuando una revolución triunfa, no pasa mucho tiempo antes de que otra revolución sea necesaria.

Debo recordarme esto constantemente, tanto en el contexto de las luchas sociales como en mi hipotético quehacer literario.

Julio Cortázar, creo, no tenía esa inclinación autoritaria. Fue siempre inmaduro de la mejor manera posible. Borges, curiosamente, tampoco. Por eso a pesar de su estilo en extremo riguroso y de sus opiniones más bien conservadoras, nada en él, ni en el escritor ni en el hombre, es impositivo. ¿A qué se debe? Vale la pena pensarlo: hay en él siempre una disposición a la broma, una apertura, una humildad.

¿Bolaño? No, tampoco. Y es extraño porque era de opiniones feroces y fatales, pero también era dado a la carcajada hacia todos, hacia todo y hacia él mismo. Hacia la vida y la literatura.

García Márquez sí. En la vida, sobre todo. Mas lo rabiosamente bello y moderno de su prosa lo salvó, o al menos salvó su obra del dictador que él mismo reconoció llevaba dentro (no olvidemos que en alguna entrevista dijo que El otoño del patriarca era una autobiografía).

Vargas Llosa… absolutamente sí.

Las escritoras que mejor conozco (que vergonzosamente son pocas), no. Sería muy bueno (para empezar leer más) pensar si esto se debe en parte a que las mujeres, tanto en la vida pública como privada, han sido acalladas, marginadas, etc. y por ello las grandes escritoras que han sido además grandes ensayistas (Virginia Woolf, Susan Sontag, Joan Didion) tienden a la búsqueda y no a la imposición.

Fin de esta reflexión de dos centavos.

En realidad quería hablar de la adicción. De mi adicción a las redes sociales. Esto suena a la vez melodramático y dolorosamente pedestre.

Y lo cierto es que la culpa no es de Facebook. Al menos no toda. Solo en la misma medida en que la industria de las bebidas alcohólicas tiene la culpa del alcoholismo, la comida chatarra de la obesidad, o las tabaquerías de… etc.

Digamos que en mí hay una predisposición. Soy,con mi necesidad grotesca de ser aceptado, el sujeto ideal para sucumbir a la economía de los likes.

Lunes 18 de abril, 2020

Incapaz de concentrarme, como el adicto que soy, me veo forzado a recargarme en suplementos: Video en YouTube: «3 hours of gentle rain, rain sounds for relaxing, sleep, insomnia, meditation, study…», todo para tratar de aislarme y conjurar una presencia enfocada que se niega y sigue huyendo, trizada. Mi cerebro está constantemente expulsándose de sí mismo, escapando de su centro con violencia. Sí, es violento. Un estallido. Mi cerebro-granada, y las esquirlas me hieren de nostalgia por un yo menos disperso. Pero no me desangro, sigo pensando y los nuevos pensamientos vuelven a correr en direcciones opuestas apenas nacen. Yo Prometeo y yo los buitres y yo las tripas rezumantes.

Trato de leer Morirás lejos, mientras al tiempo hay quince pestañas abiertas en mi navegador: 9 libros, un artículo de Wikipedia, un artículo sobre milmillonarios en The Atlantic, una página sobre coronavirus en Animal Político, una imagen de El séptimo sello y el ya citado video de ruido de lluvia. Entre tanto también descargué: El canón occidental de Bloom, Desembalo mi biblioteca de Benjamin y Les fleurs du mal y Spleen de Paris de Baudelaire (curioso: 3 «B»s).

Pura esquizofrenia. El ser destrozado. Pienso luego pienso luego pienso y jamás existo.

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