Ensayo Fotográfico (A mi padre)

Has revelado la fotografía
al desnudar al verbo palpitante
escondido en el secreto del instante
que conjuga imagen y poesía.

Detrás del ojo de cristal
invocas versos luminosos,
conjuras relámpagos silenciosos,
das al segundo alma inmortal.

Por tu color, tu rayo, tu realismo mágico,
por tu blanco, tu negro y tu silencio trágico,
yo me juego la vida a cara o cruz.

Y no creas nunca que no noto
que en el universo de la foto
has hecho literatura con la luz.

A Julio Verne

Descubriste que el futuro no está lejos

cuando se es un imaginante,

a través de tus curiosos catalejos,

viste 20,000 leguas adelante.

 

Tus letras abrieron caminos,

que luego la ciencia recorrió,

cohetes, helicópteros y submarinos,

¿cuántos viajes tu mente comenzó?

 

Filoso el oráculo de tu pluma,

que llegó a pisar la luna

y viajó al corazón del orbe.

 

Julio, trázanos un nuevo rumbo,

que sólo hace falta una vuelta al mundo,

para saber que el futuro no fue tan noble.

En la cena

En la cena, por debajo del mantel
no hay diálogo, complicidad, ni risas.
Las manos callan perdidas. Las de él
un piso arriba comen sin prisa,

las de ella, arrugan papel,
retienen llanto, esperan sumisas;
las de él, debajo de la piel,
cultivan arrugas, almacenan cenizas.

En la cena, por debajo de la mesa
ayer se enredaba baile y juego,
hoy hace frío, nada empieza;
dedos entumidos no saben de fuego.

Arriba en la cena el silencio es la guerra.
¿El amor? buscarlo tres metros bajo tierra.

A Mario Alberto

Son siete los blancos cuerpos tendidos
y son cinco sus reflejos oscuros,
debajo, esperan sus cantos no oídos,
a los dedos que guardan los conjuros.

Sobre este muelle de mármol y leños
convocas a la música, oceano
del que  tú y tus manos son los dueños
y rompes sus mareas sobre el piano.

Lo dice el instrumento en su concierto:
no hay otro maestro como Mario Alberto.