Yo sé bien

Yo sé, yo sé bien
que hacer barquitos de papel periódico
y llenarlos con unos cuantos sueños y una estrella,
y soltarlos en el río anónimo de una calle llovida,
y soplar un poco en sus velas mínimas;
no es garantía de nada, sólo promesa.
Sé bien que aunque el agua borre la tinta
no borrará la tragedia, el terremoto,
la muerte, la pérdida, el luto…
Sé bien que las lágrimas siguen su curso,
corren desde ayer hasta un mañana incierto,
caen como tormenta amenazando con naufragios.
Yo sé, yo sé bien
que es probable que ningún barquito llegue,
que no se encuentre ninguna orilla,
que desaparezcan todos entre sueños perdidos
o sucumban bajo una estrella desgajada,
o que se hundan sin más por el peso de la desgracia.

Sin embargo creo, creo bien
que aún quedan vientos favorables
que abran caminos hacia arenas dulces,
hacia el alma abierta de algún alguien
que, creyendo en sueños y en estrellas,
sonría, sencillamente sonría
y yo sé, yo sé bien entonces
que todo vale la pena.

Ensayo Fotográfico (A mi padre)

Has revelado la fotografía
al desnudar al verbo palpitante
escondido en el secreto del instante
que conjuga imagen y poesía.

Detrás del ojo de cristal
invocas versos luminosos,
conjuras relámpagos silenciosos,
das al segundo alma inmortal.

Por tu color, tu rayo, tu realismo mágico,
por tu blanco, tu negro y tu silencio trágico,
yo me juego la vida a cara o cruz.

Y no creas nunca que no noto
que en el universo de la foto
has hecho literatura con la luz.

No te equivoques

No te equivoques,
tú eres todos.

En tus días están los siglos
y en tus venas corre
la sangre derramada en las calles
y en los tiempos.
Esas palabras que esperan en tu boca
fueron antes de otras lenguas
y este aire que respiras
es un millón de alientos.

Una historia de voluntades
empuja tu alma…
Así que no te equivoques,
ya estabas en movimiento.

Amanecer de una mujer

Antes de que se encienda el sol
se enciende un cigarrillo,
se aspira.
Se aspira para encontrar la mañana,
para creer en la mañana.
Se aspira.
La vida se quema en la otra orilla
la opuesta a la boca.
Se aleja el humo,
se tiran las cenizas
metáforas suben,
metáforas caen.
Se aspira.
La mirada se clava en otra parte,
afuera, en otro tiempo, en otros fuegos;
adentro, muy adentro.
Se aspira.
Las palabras se apilan silenciosas
desbordando tazas de café,
desbordando ojos.
Se aspira.
Las maletas esperan en la puerta,
llevan ahí años
vaciándose de fotos saladas.
Al fin están livianas.

Se aspira.

Se suspira.

Se ha acabado el cigarrillo,
se ha encendido el sol.

Lo que arde se lleva dentro.

Escrito encontrado en un pétalo marchito

Han comenzado a llegar las aves
y tienen los tejados llenos de canto.
Hay flores moradas que escarchan el asfalto
y hay colores perfumados en los jardines.
La belleza es imprudente y surge
en regiones de polvo y en grietas.
Los suspiros se desgajan del viento
y me dicen que es primavera
pero yo lo dudo, no les creo,
porque soy hierba seca y tiemblo
porque el verde aún no alcanza mi patio,
porque ya es tarde y no vienen golondrinas,
porque no llegas por más que te espero.

La pausa


Quiero tomarme una pausa,
respirar
y como en un paréntesis de césped,
sentarme en mi jardín.
Quiero ver hojas caer
y tardes levantarse mientras espero,
mientras la retórica se desvanece,
lentamente, sin violencia,
como una luz volcada a su centro,
como la muerte sosegada del foco.
Quiero el silencio y la sombra,
quiero su verdad
y sólo entonces
quiero recoger las palabras sueltas,
las que no florecieron
y soplar un poco en su costado.
y las querré más que nunca
si saben navegar lejos,
si no me dicen a dónde han querido ir.

La lluvia

Hay en la lluvia un misterio perpetuo,
un secreto entredicho.
Algo revelado en cada instante
En un susurro inacabado que entendemos a medias.
En una voz demasiado clara para ser entendida,
en una palabra repetida que no es nunca la misma.
Es un acto incierto,
es una inquietud, un miedo y un deseo.
Es el palpitar de un cielo que se deshace,
que chapotea en el aire
y que indeciso tienta la tierra,
sabiendo que nunca se atreverá por completo a bajar.

A Julio Verne

Descubriste que el futuro no está lejos

cuando se es un imaginante,

a través de tus curiosos catalejos,

viste 20,000 leguas adelante.

 

Tus letras abrieron caminos,

que luego la ciencia recorrió,

cohetes, helicópteros y submarinos,

¿cuántos viajes tu mente comenzó?

 

Filoso el oráculo de tu pluma,

que llegó a pisar la luna

y viajó al corazón del orbe.

 

Julio, trázanos un nuevo rumbo,

que sólo hace falta una vuelta al mundo,

para saber que el futuro no fue tan noble.

En la cena

En la cena, por debajo del mantel
no hay diálogo, complicidad, ni risas.
Las manos callan perdidas. Las de él
un piso arriba comen sin prisa,

las de ella, arrugan papel,
retienen llanto, esperan sumisas;
las de él, debajo de la piel,
cultivan arrugas, almacenan cenizas.

En la cena, por debajo de la mesa
ayer se enredaba baile y juego,
hoy hace frío, nada empieza;
dedos entumidos no saben de fuego.

Arriba en la cena el silencio es la guerra.
¿El amor? buscarlo tres metros bajo tierra.